-La Dermatitis atópica es una enfermedd inflamatoria de la piel, que comienza a desarrollarse a edades muy tempranas (3-4 meses de edad), y generalmente van asociados al cambio de alimentación (de la lactancia al biberón).
-Los síntomas característicos de la enfermedad son piel seca, hinchazón de la piel, irritación, lesiones de eccema, que pueden llegar a supurar, con riesgo asociado de sobreinfecciones, especialmente bacterianas.
-Es una enfermedad de carácter crónico y recidivante, es decir, que va y viene, y cursa con brotes.
-Puede ser hereditaria. En muchos casos se asocia a otros trastornos del organismo, formando la llamada Tríade atópica: asma + rinitis + conjuntivitis alérgica. Esto es debido a que parece que la Tríade atópica tiene un orígen genético común, asociado a una actividad alterada del sistema nervioso e inmunológico del organismo.
-La Dermatitis es una enfermedad muy frecuente, y se estima que casi el 20% de los niños la sufren.
-No se conocen exactamente las razones que conducen a la aparición de las lesiones, pero se sabe que existen factores que las favorecen, como el estrés, las agresiones ambientales, el sudor, el rascado y algunos alimentos, como cítricos y estimulantes, como el chocolate.
-Más allá de las posibles deficiencias del sistema inmunológico y de algunos factores desencadenantes, se sabe que la alteración de la estructura de la piel es un elemento crucial, tanto para la aparición de los brotes, como para modular la duración e intensidad de los síntomas.
CUIDADOS
-Mantener una buena estructura cutánea implica de forma imprescindible, entre otros factores, preservar la calidad y la cantidad de grasa de las diferentes capas de la piel, y mantener el funcionamiento normal y la ubicación de las proteínas.
-Los cuidados fundamentales de la piel del niño atópico, y también si es adulto, se basan en el uso de cremas, aceites vegetales y lociones emolientes o suavizantes, que aportan todo lo que le falta a la piel dañada, y restauran la barrera cutánea alterada evitando la pérdida de agua y la entrada de agentes patógenos agresivos externos, microbiológicos o ambientales.
-Es esencial, además, una higiene suave y adecuada para este tipo de pieles.
-Usar protección solar específica.
-En los casos de alta intensidad y/o severidad de la lesión cutánea, es necesario recurrir a ciertos medicamentos como los corticosteroides u otros recomendados por el médico, que mejoran la función inmunológica.
-En el caso de los emolientes, deben usarse regularmente para cuidar la piel, y no sólo durante los periodos en los que se manifiestan los síntomas o con mayor sensibilidad. El uso continuado y diario de los productos citados evitan y previenen la reaparición de brotes.
-Un emoliente ideal debe incluir un compuesto lipídico (grasa) que se parezca lo máximo posible a las grasas habituales de nuestra piel, tanto en cantidad como en composición, y activos que refuercen la estructura de las proteínas y protejan frente a agentes externos.
-Entre los aceites vegetales mejor tolerados están los de Rosa mosqueta, Almendras dulces y Sésamo, pudiendo usarse cualquier aceite vegetal, teniendo siempre en cuenta además, si su tipo de piel es seca, grasa, normal o sensible.